lunes, 25 de abril de 2011

Mi soneto 'Contra el soneto de amor'. Quevedo y yo

Ay. Qué fácil es caer en el ripio cuando se intenta un soneto. Y que fácil no hacer más que vacua retórica seducido por cumplir apenas (según piensa el poeta) con las exigencias de la forma. Pero aún así, aún lográndose el objetivo y obtener un poema bien hecho que suene auténtico y no un mero mecanismo de ensayo, diversión y contento del poeta, es una forma taaaaan vieja.
Parece un hecho asumido que después de Lorca todos los romances suenan a él, y que por tanto mejor olvidarse de hacer romances si uno quere aspirar a ser original o por lo menos a que suene sólo su voz. ¿Y los sonetos, a quién suenan? Son ocho siglos de sonetos...¡ya está bien! La poesía no es cosa de pasado sino de futuro, y respetando su tradición lo mejor que podemos hacer por ella es conservarla como cosa apreciable de estudio e innovar, no repetir sus formas viejas sino aportar otras nuevas. La poesía visual y performática, entre otras, abren brecha. Algunos vamos muy atrasados en ella, pero somos conscientes de que ésa es la poesía con más futuro. Como género, digo, porque hay otras formas de enriquecer la poesis. No viene al caso, o no me apetece, señalar en mi obra otros caminos, aunque sí éste: me he permitido elaborar un soneto introduciendo una novedad que ocho siglos de historia y repetición hasta la hartura ya merecía: añadir rima asonante en cada verso. Veo que hay algunos atrevidos (si buceas en Google los hallarás) que intentan hacer sonetos con rima interna conconante respetando la estructura del soneto clásico, pero son pobres intentos (según valoro) aunque demuestra que hay gente inconformista amante del riesgo. Lo más parecido que nos ha dejado la historia son los sonetos con eco, como el que sigue, de Francisco de Quevedo.

Es el amor, según abrasa, brasa;
es nieve a veces puro hielo, hielo;
es a quien yo pedir consuelo suelo,
y saco poco de su escasa casa.

Es un ardor que a quien traspasa, pasa,
y como a veces yo paselo, selo;
es un pleito do no hay apelo, pelo;
es del demonio que le amasa, masa.

Tirano a quien el Cielo inspira ira;
un ardor que si no se mata, mata;
gozo, primero que cumplido, ido;

flechero que al que se retira, tira;
cadena fuerte que aun de plata, ata;
y mal que a muchos ha tejido nido.

Aunque sea de Quevedo, sólo puedo decir que suena espantosamente mal.

Pues ahí va el mío con rimas internas. Las sílabas tónicas de los versos que siguen son 2-6-10. La rima interna se da entre 6 y 10.

Contra el soneto de amor

Es cosa de tan vista tan cansina
el dar en el soneto y el lamento:
ahora son los celos el tormento
y luego es la dicha de amor dina

caída en desdicha repentina;
ahora es un te quiero en juramento
venido con el tiempo a ser un cuento
lo que antes fuera albricia tan contina.

Y así, con sus retóricas catódicas
(que en esto del amor de culebrón
en sesiones periódicas e inmódicas

de tele y sobremesa con la siesta
parece que salió toda razón),
nos amarga la lengua y nos apesta.

2 comentarios:

Diego Volianihil dijo...

Sobre los poemas de amor


Y qué culpa tienen los corintios
de que San Pablo se pusiese
afectado y didáctico con el amor,
de que todos los damnificados
por las humedades de otros
insistiesen:
"el amor es..."

Y qué culpa tienen los otros
para que castiguen sus días
y sus noches
con una sobredosis superferolítica
de versos pegajosos.

Y qué culpa tenemos nosotros
si nos sofocamos al leer poemas de amor,
si nos ponemos violentos con las hadas centelleantes,
las lunas radiantes y los unicornios alados.

No lloréis por el vendeflores degollado,
por el cantautor
o por el amante nocturno
apedreado bajo el balcón.

El infierno es un poeta enamorado.

http://volianihil.blogspot.com/2011/03/sobre-los-poemas-de-amor.html

Jesús Malia Gandiaga dijo...

Jajaja. Cuánta razón tienes, 'el infierno es un poeta enamorado'. Que esos que sólo hablan con palabras melifluas o desgarradas de su amor lo que realmente dicen es: 'Qué me importa el otro, sólo yo'.